miércoles, 2 de mayo de 2018

«Tango y poesía del Sur", Jueves 10 de mayo, 20 h., Club Sporting Ruzafa (Valencia)



"Tango y poesía del Sur" es una propuesta artística que enlaza música y poesía. En su gira por distintas ciudades europeas, la Orquesta Atípica «Tangorra» (tango electrónico y nuevo tango), procedente de Argentina, hará una escala en Valencia, compartiendo sus mejores canciones. También se leerán algunos poemas musicalizados de Arturo Borra.  


miércoles, 11 de abril de 2018

"después de saltar las olas no quedará nada que defender" -un poema de Ximo Rochera





¿Qué miras León?
¿De qué color es el mar?
¿Azul?
¿Te sorprende que no esté de acuerdo? ¿Que piense que el mar es del color de todos los colores? ¿Que también es rojo turquesa o amarillo agua-marina?

Déjame que te explique, León, lo que yo sé del mar:

La gaviota
sobrevuela tu hogar carroñeando con su mirada a tus hijos
y a los hijos de tus hijos.
No puedes hacer nada. Siempre fue así.

Cuando levantes la mirada de Cervantes, el sol te cegará.
También lo hará mañana,
y mañana de mañana.
La luna no dará tregua en su mesita de noche.

Las rocas no se rompen por más que el mar las maree.
No se cansan de esas eternas visitas saladas.
Las ropas,
mojadas,
depositan sus botones vidriosos de color tierra sobre una manta plateada,
flasheada.

En la playa las sombrillas se clavan como tu mirada,
León.
Hay cerveza fresca a un euro.
Puede que a euro y medio.

El mineral de silicio es más molesto en los pliegues que en el muro del que formarán parte.
Sin embargo,
el coltán resulta menos desagradable.
Es geología básica.

Las cimas están formadas por minerales,
también eso es geología básica,
pero tras un proceso de jibarización permanecen escondidas detrás de esos edificios,
de esas celdas familiares con forma de hotel California.

En lo alto de sus grandes montañas,
tus hijos
construyen fortificaciones silíceas desde las que divisar los barcos en los que vienen sus enemigos.

No pueden imaginar
que en la noche
después de saltar las olas
no quedará nada que defender.

León, Dios existe; está hecho de petróleo
y de Él sale todo lo que realmente importa.
El poliuretano con el que fabrican los flotadores con formas de animal de Disney.
¡Y también esos barcos hinchables!

Y en los bajos,
de los hoteles,
habita Dios con múltiples formas.
En los bajos,
de los hoteles,
se encuentra escondido.
Al final de un largo pasillo,
en una habitación de 2x2.
Dios viene de China y vive en los bajos de esos edificios.
Para hacernos felices.

La espuma, León.
La espuma de las olas,
de las olas digo, León.
La espuma de las olas no está hecha de Dios.
Es agua volatilizándose, intentando escapar del mar.
Dios es la barca.
Dios es grande.
Pero no todos caben, León.
¡No todos caben en Dios!

Y esos que no caben
mirarán de lejos cómo las olas y la espuma mecen sus cabellos,
de Dios digo,
que sí son azules.
Esos, León, verán a los otros,
y no los verán
y no los verán
y no los verán más, León.
Y es por eso,
León,
que te digo que el mar no es azul.
Es de todos los colores.
¡También rojo!

jueves, 1 de marzo de 2018

"en el tiempo hacia ningún lugar" -tres poemas de Isel Rivero


Pacientemente otra cabeza cae
el eje del planeta gira
traspasado por definiciones numéricas
monótona oda siente su curso
alrededor del universo alguien
sonríe niño en agonía eternamente
salvado un mar respira en calma
borrando pasadas memorias.

*

Tu mano parece fuego cuando
se acerca más que gotas de lluvia sobre
hojas más incluso que las torres a los
cielos sigo la línea que
te dibuja contra esta luz
y tu perfil se vuelve espejo
de la antigüedad capturado por blanco
sobre blanco esa cualidad de linterna de
tus movimientos de habitación a habitación
Te atrapo como se atrapa un sueño
y retengo la posible memoria
futura antes de que la disuelva
el embate del tiempo

*


Un nuevo sonido ejecutado en su
perfección única el mundo tañe una
gigantesca campana hojas suavizando la
tierra bailando el viento nuestro propio
descenso un sonido nuevo y perfecto
flota imperceptible en el tiempo hacia
ningún lugar cementerios vacíos
se lamentan diez mil almas
estrangulan la noche
 
 
Textos de Isel Rivero
Traducción de Benito del Pliego

sábado, 13 de enero de 2018

«los exasperados rostros de nuestra vida»: un poema de Olga Orozco



Las muertes.

He aquí unos muertos cuyos huesos no blanqueará la lluvia,
lápidas donde nunca ha resonado el golpe tormentoso de la piel del lagarto,
inscripciones que nadie recorrerá encendiendo la luz de alguna lágrima;
arena sin pisadas en todas las memorias.
Son los muertos sin flores.
No nos legaron cartas, ni alianzas, ni retratos.
Ningún trofeo heroico atestigua la gloria o el oprobio.
Sus vidas se cumplieron sin honor en la tierra,
mas su destino fue fulmíneo como un tajo;
porque no conocieron ni el sueño ni la paz en los infames lechos vendidos por la dicha,
porque sólo acataron una ley más ardiente que la ávida gota de salmuera.
Esa y no cualquier otra.
Esa y ninguna otra.
Por eso es que sus muertes son los exasperados rostros de nuestra vida.


Olga Orozco

domingo, 10 de diciembre de 2017

"porque es ley el desierto" -tres poemas de Lola Andrés




and it's so late*

ahora bebed de mí
no hace falta la sed,
ira, la muerte
toda la sangre en mano

los mirlos hablan
a media altura, eres
balsa, dicen, pero no vienen
a chapotear, no saltan por las venas
estoy aquí, les digo, ved
bebed, partida / abierta por la mitad
hígado al aire, bajo el cielo –soy de cielo–

y qué otra cosa
podría yo ofrecer al canto oscuro
de los ángeles vivos

* En Eraserhead (Cabeza borradora), de David Lynch





orar apenas

padre, no sé dónde
cómo caer
qué cobijo detrás de las palabras     
este ciego solar que no me pierde
que me agrega a una esfera
no hallo más, padre
cómo ser un pedazo
y destruirlo, un pedazo de algo
que dice o no
aquel flujo constante     
en cada pensamiento     
padre, yo no sé mirar
con tanto diente
¿hay para mí refugio?, ¿hay cueva donde echarme?
no comprendo padre
me confunden los signos no comprendo
si tu mano me oyera
y se quedara aquí, rotunda, ancha
en lugar de esta voz ya miserable
miraría la forma de tus dedos
padre, aquí
miraría la forma de tus dedos
hay demasiado viento / aquí
el corazón
no sabe sostenerse
arrastra a la pequeña


en el aleteo de la ceja
la mirada –su alma–
no sabe resolver
el desamparo





al lado: Sue Coe

vuelves / tenaz
se enturbia
la imagen de tu páramo
porque es ley
el desierto, verdad
la mordedura
este presente
alud en los cristales
tan fuera de la entraña
tan afuera

vendrán los avestruces
corredores de siglos
y ya no tendrán nada
no habrá párpados anchos
ni matiz en la huida
errante es el cometa
lejos, allá
no ocurre y sí que ocurre
un cáliz de los tiempos
o su final tan solo



*Textos de Lola Andrés
*Pinturas de Gabriel Viñals

jueves, 19 de octubre de 2017

«salid, niños del mundo; id a buscarla!» -un poema de César Vallejo




Niños del mundo,
si cae España -digo, es un decir-
si cae
del cielo abajo su antebrazo que asen,
en cabestro, dos láminas terrestres;
niños, ¡qué edad la de las sienes cóncavas!
¡qué temprano en el sol lo que os decía!
¡qué pronto en vuestro pecho el ruido anciano!
¡qué viejo vuestro 2 en el cuaderno!

Niños,
hijos de los guerreros, entretanto,
bajad la voz que España está ahora mismo repartiendo
la energía entre el reino animal,
las florecillas, los cometas y los hombres.

¡Bajad el aliento, y si
el antebrazo baja, si las férulas suenan, si es la noche,
si el cielo cabe en dos limbos terrestres,
si hay ruido en el sonido de las puertas,
si tardo,
si no veis a nadie, si os asustan
los lápices sin punta, si la madre
España cae -digo, es un decir-
salid, niños del mundo; id a buscarla!...

César Vallejo








jueves, 10 de agosto de 2017

«hacia el otro lado de su cuerpo» -poemas de Alberto Szpunberg




PREGUNTAS ADIOSES REENCUENTROS
XII

Pero no olvides nunca que para saber el norte basta
   con una ramita clavada en la tierra y, arriba, por
   supuesto, el sol. 
Pero no olvides nunca que para clavar la ramita
   en la tierra hay que hincarse de rodillas, por fin
humildísimas, dejar el cigarrillo apoyado sobre una
   piedra y no distraerse con el viento entre los árboles
   sino desear, desear el norte. 
Pero no olvides nunca, sobre todo ahora que esos
   murmullos, por el momento, callan y ya no dicen nada. 


PREGUNTAS ADIOSES REENCUENTROS
XIII 

Debo aceptar que ayer, por ejemplo, las montañas
   anochecieron nevadas y tuve miedo: 
Yo sabía que no vendrían, pero quizá ya hayan venido
   o en otras partes del mundo vienen por alguien que
   soy yo y yo soy otro, vienen por otro y me llevan
   a mí, vienen aquí y entran allá, echan abajo otras
   puertas y sacan de quicio estas ventanas, 
“Cerrá las ventanas, que entra fresco”, dice ella, pero
   ella tampoco ha venido,
y las primeras nieves de este invierno acaso ya han
   tocado para siempre mi corazón. 


PREGUNTAS ADIOSES REENCUENTROS
XIV

ésta es la historia: una charla de café que reduce
   las distancias a puntos de vista y confusos mapas,
   teléfonos, direcciones de hoteles baratos que algunas
   noches huelen a casa, muelles recorridos muchas
   veces de una punta a la otra, como quien repasa
   los detalles de una despedida acordada hace años,
   junto a otras aguas, entonces más inquietas pero
   igualmente salpicadas de brillos fugaces, historias de
   cajones de madera, peces muertos. 
-¿Por aquí avanzaba esa muchacha con los cabellos
   húmedos en la mañana y era el único y luminoso
   milagro de la noche? 
-Sí, y fíjese usted, con un cuenco de agua para el
   sediento y caderas en pleamar. 
-¿Y era el mar esa mancha azul en el mapa que, aun
   ajado, poco a poco se desplegaba entre gaviotas,
   hornallas que ardían hasta la madrugada, sábanas
   humedecidas y labios entreabiertos? 
-Sí, el mismo, como danzas alrededor de ese destello,
   en realidad, barcos bamboleantes, inesperadas
   travesías, gigantescas medusas, animales fantásticos,
   bosques submarinos, cordilleras sumergidas, siempre
   hacia el otro lado, yendo y viniendo, yendo y viniendo,
   hacia el otro lado de su cuerpo, donde la noche
   vuelve a ser vértigo y caída. 


PREGUNTAS ADIOSES REENCUENTROS
XV

De vez en cuando aún te das vuelta y esperas ese gesto
   que ponga las cosas en su lugar,
cuando todo lugar es siempre otro y otras las cosas,
   otra manera de decir, otra manera de entrar al bar
   España, junto a la bahía, donde los viejos huelen
   a invierno y a alcoholes bebidos lentamente, por
   costumbre, y la salud de los que quedan.
Enfrente están las montañas que retienen un poco de
   mar para que recalen los pescadores y bajen a tierra
   plateados por un sueño de escamas huidizas,
pero los barcos volverán a zarpar de madrugada, aunque
   se cuelen con el viento olores fuertes aún adheridos
a las ropas o a las mantas de la cama o al crujir de
   la madera como si pasos fuesen que ya no son, ni
   siquiera nuestros pasos, atrás, atrás, a la distancia. 
De vez en cuando te das vuelta, sí, pero es un vicio, una
   manera de ser que irá cambiando, o no, pero qué
   importa:
a medida que entres en el pueblo, verás que nadie te
   pregunta nada.


De “Luces que a lo lejos”